El ajo negro no es más que una variación del ajo común obtenida mediante un proceso de fermentación completamente natural de entre dos y tres meses obteniendo de este modo un probiótico.

(Si quieres saber más cosas sobre los probióticos y los prebióticos pincha aquí)


Y que pasa con el ajo ahora?

De entrada ha cambiado su color. Al abrirlo vemos que los dientes se han vuelto completamente negros y ya no deja un olor tan penetrante.

Su textura es más blanda y la piel se desprende fácilmente. Además debido al proceso de fermentacion los azúcares contenidos en el ajo blanco de forma natural se potencian creando un sabor más dulzón, tirando a regaliz.


El ajo negro presenta en mayor concentración que el blanco una serie de sustancias que lo hacen ser un antioxidante 10 veces más potente que el ajo blanco, regula la presión arterial y la producción de insulina en mayor medida que el ajo blanco y al ser un fermento y por tanto un probiótico ayuda a nuestro sisema inmune, aumenta nuestras defensas y regula el tránsito intestinal.

Además comparte características con su predecesor, el ajo blanco:

Antibiótico natural, antiinflamatorio, protege contra el cáncer, contra infecciones, mejora la circulación, es energizante....


Y cómo lo uso?

Lo más fácil es untar una tostada de pan y comerlo tal cual con un chorrito de aceite de oliva.

Cortarlo a laminas y añadirlo a una ensalda o a un guiso.

Añadirlo a una sopa de miso (o a cualquier otra pero yo encuentro la mezcla del sabor del miso y el del ajo negro simplemente deliciosa).


Lo importante es no cocinarlo ni someterlo a altas temperaturas para no matar todas esas fantásticas propiedades.


Espero haberte inspirado

Con amor

Cristina